Ya hemos hablado de los pensamientos boicoteadores o distorsiones cognitivas, aquellos pensamientos distorsionados e irracionales que tenemos acerca de las diferentes situaciones que vivimos en nuestro día a día.

Recordemos que estos pensamientos -presentes en todos nosotros- juegan un papel muy importante, ya que funcionan como mecanismos que boicotean nuestro comportamiento y comprometen nuestro estado de ánimo.

Ser conscientes de que estamos teniendo este tipo de pensamientos es fundamental para comprender cómo hemos llegado a experimentar determinadas emociones. Por ejemplo, un día nos sentimos contentos y motivados hacia una dieta que hemos empezado y al día siguiente, sin que ocurra nada reseñable, podemos perder la motivación y sentirnos tristes, incluso abatidos.

En este caso, estaríamos pasando por alto los pensamientos que hemos tenido a lo largo del día. Observa el siguiente ejemplo: salimos a comer con una amiga y al comparar su plato con el nuestro pensamos: “para estar delgado no podré comer eso nunca más”.  Por la tarde, nos surge hambre y antes de cenar pensamos: “voy a tener que estar siempre a dieta, no lo lograré”. Estos mensajes que nos decimos a nosotros mismos van a influir igual o más en cómo nos sentimos que el hecho que los ha desencadenado.

Generalización excesiva o sobregeneralización: cuando pensamos que siempre nos va a ir mal.

Los mensajes anteriores son irracionales y distorsionados, ya que son generalizaciones a partir de hechos aislados. Este tipo de error se denomina generalización excesiva o sobregenaralización y consiste en extraer conclusiones generales de hechos particulares, es decir, sacar conclusiones basándose en unas pocas experiencias y aplicarlas a una gama de situaciones no relacionadas.

Volviendo al ejemplo anterior, con el pensamiento: “voy a tener que estar siempre a dieta, no lo lograré” estaríamos generalizando a toda nuestra vida una situación en concreto, en la que nos sentimos hambrientos porque todavía no hemos cenado. Por otra parte, extraemos la conclusión de que no lo lograremos, basándonos en experiencias previas en las que en situaciones parecidas hemos fracasado. De esta manera, generalizamos aquello que nos sucede con la idea de que siempre será así. En consecuencia, nos sentiremos poco esperanzados y difícilmente valoraremos alguna opción de cambio.

¿Cómo podemos identificar este tipo de distorsión cognitiva?

Ante el diálogo interno que acabamos de ver, ¿cómo nos sentiremos? Precisamente el malestar emocional va a ser uno de los indicadores de que no estamos pensando de manera adecuada. Si estamos sintiendo una emoción de fuerte intensidad, debemos detenernos un momento a valorar si estamos interpretando la realidad desde una distorsión cognitiva.

Por otra parte, en este tipo de pensamiento es muy común utilizar palabras tan rotundas como “siempre” o “nunca”. Fíjate en estos ejemplos: “nunca me contratarán estando tan gordo”, “si no consigo adelgazar, nunca seré feliz”, “nadie me puede querer con este aspecto” ¿Crees que es realista pensar en términos absolutos? Sabemos que en realidad, la probabilidad de algo suceda o no, no suele ser del 0% o del 100%, de manera que si nos percatamos de que estamos pensando en términos absolutos, probablemente nos estemos equivocando.

¿Cómo podemos pensar de manera más racional?

Una vez que hemos identificado que estamos pensando de forma distorsionada en términos de generalización excesiva, debemos plantearnos el uso de términos relativos.

Veamos con unos ejemplos cómo podemos racionalizar lo que pensamos y generar pensamientos alternativos, lo que sin duda van a ocasionar en nosotros emociones más positivas y, en consecuencia, nos llevarán a actuar de forma más adaptativa. Veamos los ejemplos:

Pensamiento distorsionado Racionalización Pensamientos alternativos
“Nunca me contratarán estando tan gordo” Es probable que una experiencia previa de fracaso a la hora de encontrar trabajo haya desencadenado este pensamiento, de manera que ante la dificultad de encontrar trabajo, anticipemos de nuevo el fracaso. Por otra parte, el éxito laboral no está en principio relacionado con el aspecto físico. Además la afirmación “nunca” es exagerada. “Seguiré buscando trabajo” “Estoy esforzándome en mejorar mi aspecto físico para sentirme más seguro la hora de buscar trabajo”.
“Voy a tener que estar siempre a dieta, no lo lograré”   Aquí el término “siempre” nos hace sentir que el futuro va a ser demasiado duro y que no podremos darnos caprichos. “Estoy mejorando mi forma de alimentarme. Llevando una alimentación saludable hay ciertos alimentos que están limitados pero no prohibidos”

Como hemos visto, todos en algún momento hemos generalizado nuestros errores y la probabilidad de ocurrencia de sucesos negativos en el futuro. El objetivo a partir de ahora es que logres identificar estos pensamientos para corregirlos y elaborar un discurso mental más sano que te permita afrontar mejor las dificultades del día a día.

COCO te va a ayudar a identificar estos pensamientos y a corregirlos para que te sientas mejor y seas capaz de cambiar la forma en la que comes.

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