“Las penas, con pan son menos”

Proverbio popular

En COCOeating® tenemos la experiencia de muchas personas que tratan de perder peso una y otra vez, consiguiendo temporalmente sus objetivos, pero volviendo a recuperar el peso inicial o incluso más. Lo importante es saber por qué sucede esto.

Identificar cuáles son las circunstancias que nos llevan a comer es el primer paso para poder cambiarlas, por ello, empezaremos por intentar entender esas circunstancias, así como los aspectos psicológicos que las están produciendo.

¿Por qué seguimos comiendo sin hambre?

Existen muchas situaciones externas que pueden funcionar como el pistoletazo de salida para tener picoteos o un atracón de comida. Por ejemplo, lidiar en el trabajo con una jefatura muy exigente y que no nos reconoce nuestros méritos, atender a una persona mayor que precisa mucha ayuda, cuidar de tu hijo renunciando a otras actividades personales, estar todo el día en casa porque hay una situación de desempleo de larga duración o tener una crisis de pareja. Todas estas circunstancias favorecen que la persona tenga determinados pensamientos y emociones. Y en el caso de las emociones negativas, como son la tristeza, el miedo o la rabia, funcionan como verdaderas lanzaderas hacia la comida. No obstante, no podemos olvidarnos de las vivencias de soledad ¡y del aburrimiento!, ya que, éstas también son una fuente de mucho malestar, que puede calmarse con comida.

Si pensamos en el orden de este proceso, primero sentimos un aumento del malestar emocional, tras esto realizamos la ingesta y, en el mismo momento de realizarla, comienza a aparecer una mejoría del malestar previo. Con lo cual, a lo largo del tiempo, nuestro cerebro aprende que con comida puede calmarse y cada vez se genera una asociación más poderosa, haciendo muy posible que vuelva a repetirse.

Así que, el motivo por el que seguimos comiendo sin hambre es porque utilizamos a comida como regulador emocional.

¿Qué consecuencias tiene comer descontroladamente?

Si partimos de la base de que usamos la comida para regularnos, la primera consecuencia es que mientras estoy comiendo se reduce mi malestar, pero, si empiezo a controlar y a disminuir lo que como, vuelve a aparecer.  ¿Recordáis alguna vez que hayáis hecho una dieta y os hayáis encontrado más nerviosos, angustiados o irritables? Muchas personas se encuentran emocionalmente peor al hacer dieta, siendo esto una de las causas por las que no la mantienen.

Por otra parte, aunque comer puede calmar el malestar emocional inicialmente, esta sensación es pasajera ya que a posteriori aparece la culpabilidad, la autocrítica y el juicio hacia nuestra forma de comer.

¿Cómo podemos controlar lo que comemos para calmar el malestar emocional?

Para poder hacerlo, lo primero es analizar los desencadenantes y las consecuencias de nuestra forma de comer, para detectarlas y poder intervenir sobre ellas. En COCOeating® tienes disponible un plan personalizado dentro del que se aborda en profundidad el análisis de los desencadenantes y las consecuencias de nuestras sobreingestas.

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *