“Des-ayunar… significa romper el ayuno”.

Hoy en día la cuestión de si se debe desayunar o no se ha convertido en un asunto rodeado de polémica. En el equipo de COCOeating® llevamos muchos años trabajando con personas con sobrepeso y obesidad y estudiando la conducta alimentaria. Tenemos una visión integral de la salud, en la que lo fisiológico lo psicológico y lo emocional son dimensiones que interactúan unas con otras.

Desde esta perspectiva vamos a abordar la cuestión del desayuno.

¿Qué es lo primero a tener en cuenta?

Pues lo primero es saber que nuestras recomendaciones van dirigidas a aquellas personas que tienen una relación inadecuada con la comida, tengan sobrepeso, obesidad o estén en un peso adecuado. Sin embargo, aquellas personas con enfermedades que requieran un control de la alimentación deben hacer caso a las recomendaciones que les hayan dado sus médicos.

Para COCO todas las comidas son importantes. Es fundamental tener un hábito y una disciplina a la hora de desayunar. Las prisas por la mañana, el tener poca hambre al levantarse o el pensar -erróneamente- que evitar esa primera comida puede ayudar a perder algún kilo… son algunas de las razones que llevan a muchas personas a saltarse el desayuno.

¿Qué le ocurre a nuestro cuerpo, si no desayunamos?

Nuestro cuerpo tiene la virtud de adaptarse a las diferentes situaciones a las que lo sometemos, por ejemplo, si hacemos ayunos prolongados, el organismo buscará el mecanismo para hacerle llegar combustible al cerebro. Esas adaptaciones a corto plazo puede que no nos genere ningún síntoma, sin embargo -si las mantenemos en el tiempo- se empezarán a desarrollar una serie de cambios que se notarán a medio o largo plazo, produciendo desequilibrios en el funcionamiento de las hormonas que regulan el apetito. Estas alteraciones, hacen que se pierda la sensación de hambre y saciedad y, como consecuencia, que comamos a deshoras o que, en algún momento comencemos a sentir mucha hambre y comamos en exceso.

El hígado tiene múltiples funciones, entre ellas la de servir como almacén de los nutrientes que vamos ingiriendo durante todo el día. En los periodos de tiempo en los que no comemos nada -como, por ejemplo, mientras dormimos- el hígado suministra este combustible almacenado al resto de los órganos, principalmente al cerebro. Lamentablemente las reservas del hígado se agotan y, cuando hacemos ayunos prolongados, empezamos a consumir masa muscular.

¿Qué hace nuestro organismo para solucionarlo?

Como hemos comentado, nuestro organismo requiere de una cantidad de calorías diaria para que nuestros órganos vitales puedan funcionar correctamente. Si llegado una hora, no le hemos suministrado alimentos suficientes a nuestro cuerpo, éste sabiamente va a responder pidiéndonos comida y lo más seguro es que sea de forma impulsiva, porque ya hemos pasado la barrera normal de la sensación de hambre. En ese momento nos apetecerán alimentos ricos en azúcares.

¿Sabes por qué?

Porque el azúcar en su forma más simple es la que se absorbe con mayor velocidad. Inteligentemente tu cuerpo está buscando la forma más rápida de conseguir que le llegue glucosa al cerebro.

¿Qué consecuencias puede tener sobre nuestro peso?

No desayunar nos hará perder el control en las siguientes horas y nos llevará a comer grandes cantidades de alimentos. Esto supone que al final hay un exceso de glucosa y que será transformada en grasa para almacenarla. Es decir, que acumularemos grasa.

Por otra parte, es importante tener en cuenta que si se mantiene en el tiempo el picoteo o las grandes ingestas de alimentos, nuestro cuerpo producirá mayores cantidades de insulina, teniendo como resultado que queramos seguir comiendo.

¿Alguna consecuencia más?

Otra consecuencia de saltar el desayuno, son las molestias digestivas. En primer lugar, el ácido que tenemos en el estómago para digerir los alimentos, sin la presencia de éstos, podrá irritar la mucosa del estómago. En segundo lugar, el estómago se llenará de aire, haciendo que nos sentamos hinchados y pesados en el momento que hagamos la próxima comida.

Por estas razones COCO recomienda que desayunemos y lo ideal es hacerlos dentro de los 45 minutos después de levantarnos. Porque, además, empezar el cambio de hábitos por el desayuno hace que estemos motivados y enfocados desde primeras horas de la mañana para cuidar nuestra salud y alimentación.

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