“Comer es esencial para vivir”

Las personas con sobrepeso y obesidad, independientemente de su perfil, tienden a presentar una conducta en común y es la de perder el control con ciertos alimentos y comidas. Esto suele suceder cuando se hacen dietas restrictivas y coincide con alguna situación de malestar emocional.

Como hemos comentado en post previos, el cerebro actúa como director en nuestro organismo. Entre sus funciones está la de garantizar que comamos los nutrientes suficientes y que obtengamos la energía para satisfacer sus necesidades y las del resto del cuerpo.

¿Qué sistemas del cerebro regulan la alimentación?

La regulación alimentaria viene dada por dos sistemas:

  • El “sistema nutrostático”. Es el encargado de controlar los niveles de nutrientes ajustando el apetito de acuerdo con las necesidades o deficiencias de nuestro cuerpo.
  • El “sistema impulsor”. Sus funciones tienen que ver con el aprendizaje y la memoria en la conducta alimentaria. Está relacionado con el deseo y el placer de comer, es decir, con la parte emocional.

Para que los dos sistemas funcionen bien deben estar en equilibrio, como si de una balanza se tratara. Es decir que las necesidades de nutrientes están relacionadas con las emociones. Un ejemplo de esto es el estudio “The starvation” de la Universidad de Minnesota. En este estudio sometieron a un grupo de soldados a dietas muy restrictivas. Observaron que, a la vez que los soldados perdían peso, empezaron a presentar conductas inadecuadas como comer impulsivamente, mezclar alimentos de forma extravagante o presentar cambios en el estado de ánimo con depresión, irritabilidad, agresividad e insomnio. Además, vieron que perdían el control de la ingesta de alimentos, sobre todos con aquellos ricos en carbohidratos. Este estudio demostró como el sistema nutrostático influye sobre el sistema impulsor, es decir, como la falta de alimentos afecta al estado emocional. Además, se ha demostrado también que el estado emocional mejora de forma general si la alimentación es la adecuada.

¿Cómo afecta el sistema impulsor a la ingesta de alimentos?

Se han detectado una serie de circunstancias en las que cuestiones psíquicas, emocionales o cognitivas, nos pueden conducir a una mala relación con la comida. Entre ellas encontramos:

  • Asociaciones inadecuadas. Esto quiere decir que asociamos el consumo de alimentos con situaciones con las que no deberíamos, como por ejemplo comer cuando estamos nerviosos o comer cuando estamos cansados; el cansancio se debe contrarrestar con descanso y no con comida.
  • Sufrimiento psíquico. El acúmulo de frustraciones de rechazos o emociones como la rabia o la tristeza nos puede conducir a la comida.
  • Reducción de la autoconciencia. Comiendo nos evadimos de los problemas en lugar de afrontarlos.
  • Búsqueda del placer. El aburrimiento o la necesidad de tener un momento placentero nos pueden llevar a comer aquellos alimentos que más nos gustan.
  • Costumbre. Hay situaciones que se realizan mecánicamente sin pensar, por ejemplo, cuando salimos del trabajo y vamos a comprar pan, automáticamente pedimos un refresco y un bollo o una bandeja de dulces para compartir y resulta que terminamos comiéndonoslo por el camino.

¿Qué consecuencias tiene comer de esta forma?

Lo importante de todo esto -independientemente de la causa- es que, después de haber comido cualquier alimento que se salga de nuestro plan inicial, aparecen como consecuencia sentimientos de culpa. Estos, a su vez, nos llevan a la restricción alimentaria, la cual hará que el hambre aumente y que, nuevamente, perdamos el control sobre lo que comemos, entrando así en un círculo vicioso:

¿Te identificas con algunas de las situaciones que hemos comentado? Seguramente que muchas veces has iniciado una dieta muy motivado. Los primeros días eres capaz de aguantar con un simple café o una pieza de fruta toda la mañana e incluso podías mantenerte sin comer o comiendo muy poco hasta las 17:00 horas. Pero después, ¿qué pasaba? Pues que acabas comiendo un bollo, alguna galleta o el chocolate que tenías en casa, o si en el camino de vuelta del trabajo pasabas por un quiosco o una pastelería, terminabas comprando algo y comiéndotelo.

La cuestión es si estabas haciendo una dieta saludable o restrictiva y si lograste algo con ella a medio y largo plazo. En COCOeating® estamos seguros de que no… pero no te preocupes, es muy frecuente que eso ocurra, lo importante es que tomes conciencia y te pongas en acción.

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