Ser libre es prescindir de ciertas culpas

Eduardo Mignogna

“Me siento culpable por comer tan mal”

Muchas personas se sienten culpables cuando tienen picoteos de comida o sufren atracones, siendo especialmente duros con ellos mismos por este motivo. Frecuentemente son personas muy eficaces y resueltas en numerosas facetas de su vida, pero se sienten incapaces de cuidar su alimentación. Esta tendencia a auto-inculparse por esta situación, fomentada desde el juicio hacia ellas mismas, sólo mantiene la vivencia de malestar y detona más sobreingestas. Pasaremos a describir cómo sucede esta tendencia circular: comemos porque nos sentimos mal, generamos culpa y esto hace que sigamos comiendo peor y manteniendo el circuito.

La culpa no es el camino

En primer lugar, reflexionaremos cómo y porqué la comida en algunas personas cumple un papel importante dentro de la regulación de las emociones negativas, como son la rabia, el miedo o la tristeza. La comida con frecuencia sirve para calmarnos ante frustraciones de la vida diaria, conflictos con nuestro jefe o pareja, paliar la indefensión ante situaciones que vivimos como injustas e, incluso, puede ayudarnos a enfrentar situaciones graves de salud propias o de familiares cercanos, etc. Es decir, que el uso de la comida como parapeto emocional o como válvula de escape en circunstancias personales complicadas, en ocasiones es la única forma que encontramos para poder seguir adaptándonos y pudiendo llevar adelante nuestros planes.

¿Qué sentido tiene entonces comenzar a culparnos por ello?, ¿en qué nos ayuda la culpa para sentirnos mejor? Desde luego, parece que la culpa no es el camino para mejorar.

¿Qué podemos hacer para no sentirnos culpables por comer mal?

Una alternativa podría ser, generar otras vías de regulación emocional  que no se relacionen con la comida, a través de la búsqueda de espacios de cuidado, como son determinadas actividades de ocio, el deporte o algunas técnicas de relajación, por ejemplo.

No obstante, debemos tener en cuenta que, aunque encontremos una vía alternativa a la comida para regular emociones negativas, es imposible vivir sin ellas. Esto es debido a que las emociones son inherentes al ser humano y están relacionadas con funciones protectoras. Por ejemplo, si siento ansiedad en la relación con una amiga porque se porta mal conmigo, esta emoción trata de protegerme y animarme a que tome decisiones sobre qué personas tengo a mi lado y cómo me relaciono con ellas. De tal forma que tiene una función para aumentar mi consciencia y mi auto-protección.

Por todo ello, la propuesta de COCO es que empecemos a evitar culparnos por usar la comida como regulador emocional y tratemos de aceptar que esto sucederá por el momento, hasta que comprendamos qué situaciones y qué emociones nos llevan a comer de forma insana, para poder cambiarlas.  

Como dice el Dalai Lama “Acepta. No es resignación, nada te hace perder más energía que luchar contra algo que no puedes cambiar”. Para ayudarte a identificar todas estas situaciones que te llevan a comer y a sentirte culpable, COCO tiene preparado un plan personalizado para ti. Descarga la app de COCOeating® y empieza a trabajar con COCO.

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